Moluscos

Moluscos  Constituyen un grupo zoológico muy importante, que habita en todos los climas, pero el trópico le es más favorable. Ahí se encuentran las especies más bellas, así como las de mayor tamaño, tanto marinas como terrestres. La forma de su cuerpo y su constitución es muy variable y tienen como característica común que su cuerpo no es segmentado o metamerizado, es decir, no se observan segmentos, anillos o metámeros. También se les designa con el nombre de malacozoos y ambas denominaciones proceden de vocablos grecolatinos que significan: blando. Secretan abundante baba o moco para protegerse de la desecación; a las especies terrestres les favorece su locomoción por los movimientos suaves de deslizamiento que tales secreciones les permiten realizar. Entre sus rasgos más sobresalientes están la presencia de la concha, la existencia del pie —órgano musculoso que interviene en la locomoción—, la diferenciación en la cabeza o región cefálica, la proyección hacia afuera de una saliente formada por las vísceras y la posesión de un manto o repliegue membranoso que envuelve al cuerpo, secreta la concha y se modifica de muchas maneras en los distintos grupos. Algunas diferencias entre los moluscos se observan en el pulpo y el calamar, pues les falta la concha; a las ostras, el pie; a las almejas, la cabeza, y a ciertas babosas marinas, la masa visceral. Su régimen alimenticio es muy variado, así como sus condiciones de vida y de ambiente. Muchos son depredadores activos que persiguen a sus presas y otros son herbívoros. Están provistos de la rádula, órgano que se encuentra en la parte anterior de su aparato digestivo y está formada por innumerables dientecitos microscópicos que actúan como una lima. Son unisexuales, aunque hay casos frecuentes de hermafroditismo, y se reproducen por medio de huevecillos.

La duración de su vida también es muy variable. Normalmente declina después de efectuar sus funciones reproductoras, pero hay especies como la lapa común que vive hasta 16 años. En la Península de Yucatán pueden observarse abundantes especies de moluscos. En la franja formada por el límite de la marea alta normal y el de las mareas extremas, adheridos a las rocas e inmóviles, se encuentran los caracolillos del género Nerita, que miden alrededor de 1 cm de diámetro y tienen líneas negras en zigzag sobre fondo claro; otros moluscos típicos son los Neritina, con líneas blancas sobre fondo oscuro.

Son comunes los Tectarius muricatus, de concha cónica, puntiaguda, con hileras de pequeñas prominencias. La Nerita peloronta que llega a medir 3 cm de diámetro y su concha amarillenta presenta líneas en zigzag negras y rojas y en la abertura tiene unas manchas rojas muy notorias que parecen sangre. La Nerita versicolor se parece a la peloronta, pero carece de la mancha roja en la abertura y posee cuatro protuberancias a manera de dientes. La Nerita tessellata carece de dientes en la abertura y su diseño es de líneas negras muy bien marcadas, pero discontinuas. La Batillaria minima, de escasos 12 mm, alargada y con la punta bien definida, cuya concha parece estar llena de agujeritos cuadrados, y la Puperita pupa, de 10 mm, negro con líneas negras muy bien definidas, como cebra. En la franja comprendida entre los límites de las mareas diarias ordinarias abundan los caracolillos del género Littorina, que apenas miden unos 6 mm y son globosos con líneas negras; las lapas, que son caracoles con la concha aplanada y cónica que semeja un volcancillo; y numerosas especies llamadas quitones, la mayoría de 7 cm de longitud, de forma oval. Un gran caracol, que suele encontrarse en las rocas sumergidas todo el tiempo, es el Citarium pica, de concha maciza, pesada, blanca con línas negras en zigzag, que alcanza hasta 10 cm de diámetro. En las praderas submarinas, el molusco más notable es el caracol rosado o de oreja, Strombus gigas, de hasta 30 cm de largo, y que recibe su nombre por el bello tono de su nácar y por la forma extendida del ala de su concha. También son comunes los caracoles carnívoros del género Fasciolaria y ciertos moluscos como las babosas y liebres de mar. Dos moluscos sobresalen en la actividad pesquera de la Península de Yucatán: el pulpo y el caracol rosado. Del pulpo, dos son especies comunes, el Octupus vulgaris, que alcanza hasta 5 kg y una amplitud de 1.30 m con los tentáculos totalmente extendidos, y el Octupus maya, exclusivo de la región, que se distingue porque tiene sobre cada ojo una mancha oscura que da la impresión de un ojo adicional.

Conchas y caracoles: popularmente, se denomina conchas a los esqueletos externos de los moluscos bivalvos, como las almejas, cuyo cuerpo está protegido por dos piezas o valvas articuladas que se cierran mediante una charnela elástica. Se les llama caracoles a los exoesqueletos en forma de espiral de los moluscos univalvos o gasterópodos. Ambos están formados por secreciones de carbonato de calcio producidas por la parte del cuerpo llamado manto, que van creciendo junto con el animal hasta llegar a un máximo que difiere, según la especie. En las costas de la Península, sobre todo en su porción norte, pueden encontrarse grandes cantidades de conchas y caracoles, arrojados a la orilla por el oleaje. Pertenecen a cerca de un millar de especies de muy variadas formas, tamaños y colores. Respecto de las conchas, son particularmente abundantes las cebras, barquitos o alas de pavo, Arca zebra y A. imbricata, alargadas, blanquecinas con franjas transversales cafés y un borde característico recto. Son también muy comunes y abundantes las pata de mula, de los géneros Trachycardium y Dinocardium. Su forma es redondeada, la superficie externa presenta estrías longitudinales y el nácar del interior es de suaves colores rosa, blanco o amarillo. Debe su nombre científico al hecho de que, unidas y vistas de costado, las dos voluminosas conchas recuerdan la forma de un corazón. Su tamaño oscila entre los 5 y 12 cm. Por sus hermosos colores son muy apreciadas las conchas alas de mariposa del género Tellina, delgadas, bastante aplanadas y de superficie lustrosa. Las hay principalmente de colores rosa, amarillo y blanquecino. De forma poco común son las conchas llamadas callo de hacha, ya que su forma semeja la hoja de esta herramienta. Son delgadas y frágiles, de color café oscuro o claro y entre las especies principales está Atrina rígida y A. serrata, que alcanzan los 25 cm. Sobresalen también, aunque no son muy abundantes, las numerosas especies denominadas comúnmente abanicos o garras de león, de los géneros Pecten, Lyropecten, Aequipecten y Chlamys, cuyas dimensiones oscilan entre 1 y 10 cm, y son muy llamativas, tanto por su forma como por sus variados colores.

Entre los caracoles, el más famoso es el rosado, Strombus gigas. Es notable asimismo por sus dimensiones, forma y colorido el chacpel o trompeta maya, Pleuroploca gigantea, que es el mayor del mundo y alcanza 60 cm o más de longitud. También de gran tamaño, aunque no particularmente llamativo ni muy apreciado por los coleccionistas, es el tonburro, Xancus angulatus, de hasta 30 cm o más. De menores dimensiones, pero muy hermoso, es el abundante casco real o king kong, Cassis tuberosa, de entre 20 a 22 cm, y otras especies del mismo género muy parecidas. Finalmente, entre los caracoles de gran tamaño, se encuentran el trompillo, Busycon contrarium, notable no sólo porque llega a los 40 cm de longitud, sino también por ser el único entre los caracoles marinos que tiene la abertura del lado izquierdo en tanto que todos los demás la tienen del lado derecho, incluso las especies menores del mismo género, como B. coarctatum, que es muy parecida, pero de color amarillento y 10 cm de longitud. Otras especies, aunque de menor tamaño, son las conocidas como gallinolas o tritones, que alcanzan los 22 cm, de aspecto macizo con la punta bastante afilada y tienen un color predominantemente café. Las campechanas del género Fasciolaria, de 7 a 14 cm, poseen como rasgo distintivo líneas café rojizas que las rodean en espiral. Entre los conos del género Conus destaca C. spurius, llamado comúnmente alfabeto, porque sus pequeñas manchas dispuestas en líneas paralelas transversales parecen ser letras.

Los cauris o tigrillos del género Cypraea, de aspecto globular, una abertura estrecha y variadas dimensiones, de 2 a 15 cm, generalmente con una coloración a base de motas o puntos y las chiuas o chivitas, Melongena corona, típicas de zonas de manglar, aunque pertenecen a la misma especie presentan notables diferencias de forma, color y tamaño de una zona a otra. Todas las especies referidas son sólo algunos ejemplos de la gran cantidad y variedad de conchas y caracoles de la Península, a las que hay que sumar las existentes en las rías o esteros de agua salobre, en los cenotes, las aguadas y otros cuerpos de agua dulce del interior, donde se localizan especies normalmente pequeñas y de colores apagados. Las conchas y caracoles se convirtieron popularmente en objetos de colección y se ha desarrollado una importante industria artesanal en Yucatán y en la Península.