Martínez de Peralta, Santiago

Martínez de Peralta, Santiago  (¿-1822) Sacerdote secular. Fue gobernador del obispado de Yucatán, cuya sede permaneció vacante de 1793 a 1802. Originario de Villacastín, España, viajó a Yucatán en 1792 para ocupar la prebenda vacante en la Catedral de Mérida, que había desempeñado el sacerdote Miguel de Castillo, promovido a un mayor cargo eclesiástico. El historiador Ignacio Rubio Mañé señala que Martínez de Peralta era cura rector de Revenga, localidad ubicada en la jurisdicción eclesiástica de la Abadía del Real Sitio de San Ildefonso, en la provincia de Segovia, España, cuando solicitó la prebenda vacante de la Catedral de Mérida en 1791. Estudió teología durante seis años en el Real Convento de Santa Cruz, de la Orden de Santo Domingo, en Segovia.

Al terminar sus estudios, se trasladó a América como amanuense de los frailes dominicos que viajaron al Nuevo Reino de Granada para visitar y reformar sus conventos. Pasó luego a Quito, como familiar del obispo Blas Sobrino Minayo, quien lo designó su vicesecretario. Obtuvo los grados de bachiller, maestro y doctor en la Real Universidad de Santo Tomás, en Quito. Ahí se le confirieron las órdenes sacerdotales y ejerció su ministerio en las Diócesis de Santa Fe de Bogotá, Popayán, Cartagena de las Indias y Santiago de Cuba. Durante tres años fue cura párroco en Cartagena de Indias, donde paralelamente fue vicario y juez eclesiástico. Concurrió a la Sínodo Diocesana que celebró en esa ciudad el obispo José Díaz de la Madrid. Se le comisionó para informar y promover los acuerdos de la Sínodo y regresó a España para hacerlo ante la Corte. Se retiró luego a Segovia, donde continuó su ministerio como teniente de cura del Real Sitio de San Ildefonso durante cuatro años. Finalmente se le confirió la parroquia de Revenga. El 11 de septiembre de 1791 solicitó desde el Real Sitio de San Ildefonso la prebenda de la Catedral de Mérida de Yucatán.

El 25 de septiembre se le confirió en San Lorenzo. Preparó su viaje, pero problemas económicos se lo dificultaron. Buscó quién le proporcionara de quince a veinte mil pesos para sufragarlo e incluso solicitó se le adelantara la mitad de su sueldo. Problemas familiares también le impidieron salir en la fecha prevista, pues sus hermanos y sobrinos que vivían en Villacastín, necesitaban de su ayuda económica, lo que le llevó a pedir un plazo para arreglar sus asuntos personales. Se le extendió el pasaporte en San Lorenzo el 26 de noviembre de 1791 y a finales de junio de 1792 se embarcó en La Coruña rumbo a Yucatán. Los últimos 30 años de su vida transcurrieron en Mérida, identificado estrechamente con la vida social de esta provincia. Fue el deán de la Catedral y, muy anciano, murió el 18 de febrero de 1882.