Brasseur de Bourbourg, Charles E.

Brasseur de Bourbourg, Charles E.  (1814-1874) Abate y arqueólogo francés nacido en Bourbourg, de donde tomó el nombre que se agrega a su apellido. Falleció en Niza, Francia. A los 20 años llegó a París, donde se mantenía económicamente escribiendo artículos para revistas y publicó algunas novelas con el seudónimo de Ravensburg. Recibió las órdenes sacerdotales en Roma y fue enviado como misionero al Canadá en 1843. Rescató y dio a conocer gran cantidad de obras mayas: puso al manuscrito de Chichicastenango el nombre de Popol-Vuh y lo publicó en París en 1861; estudió los documentos indígenas y tradujo al francés el Rabinal Achí publicado en 1862; en 1864 dio a conocer el manuscrito de fray Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán y le agregó una traducción en francés. Llegó a Yucatán en 1865 para investigar y excavar en las zonas arqueológicas. Fue recibido por Crescencio Carrillo y Ancona, pero el comisario imperial José Salazar Ilarregui no quiso saber de sus estudios arqueológicos y le prohibió cualquier excavación. Sin embargo, se dedicó a estudiar la lengua maya yucateca y a recorrer los sitios de Izamal y Uxmal lo que plasmó en dos trabajos: Essai historique sur le Yucatan et description des ruines de Ti-hoo (Merida) et d’Izamal y Rapport sur les ruines de Mayapan et Uxmal au Yucatan, publicados en el tomo II de los Archives de la Comission Scientifique du Mexique. El último trabajo fue traducido y publicado en 1870, en La Revista de Mérida. Su pequeña descripción de las ruinas de Ti-ho es la más completa que tenemos de los vestigios de la Mérida prehispánica. Regresó a Francia, aunque, según Carrillo y Ancona, en 1871 estuvo otra vez en Yucatán; dice Carrillo en su Disertación sobre la Historia de la Lengua Maya: «Tal le vimos (en buena salud) también en el mismo año de 1865 que estuvo aquí en Yucatán y tuvimos la honra de tratarle, pero seis años más adelante, en una segunda visita o viaje que hizo a esta Península en 1871, tuvimos el sentimiento de verle avejentado y bastante caído… Editó su Manuscrit Troano. Etudes sur le systeme graphique et la langue des mayas«, en dos volúmenes.

La segunda parte del primer tomo se compone de una reproducción a colores del Códice Troano, llamado así por el abate que lo hizo conocer, en homenaje a su dueño Juan de Tro y Ortolano. Más tarde se comprobó que otro códice, perteneciente a José Ignacio Miró, quien lo adquirió en Extremadura, formaba con el Troano un solo documento que ahora se conoce como Códice Tro-Cortesiano; ambos se encuentran ahora en el Museo Arqueológico de Madrid.

El segundo volumen se compone, entre otras cosas, de la gramática maya de San Buenaventura y de varios textos mayas que conforman su crestomatía, de un vocabulario maya-francés-español de más de 4 000 palabras. En 1848 había hecho su primer viaje a México, donde desempeñó su ministerio y se dedicó al estudio del náhuatl y de la historia del país. No descubrió ni tradujo el Códice conocido como Códice Chimalpopoca, sino que arregló una traducción del mismo que le proporcionó José Fernando Ramírez. Escribió y publicó en México Lettres pour servir d’introduction á l’histoire primitive des nations civilisées de l’Amerique Septentrionale, 1851. Regresó a París y promovió entre el público y las autoridades el interés por México. Propuso al gobierno francés la creación de una misión científica que recorriera el país.

En 1854 viajó a América y residió en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Terminó de redactar los dos primeros de cuatro volúmenes de su obra maestra Histoire des nations civilisées du Mexique et de l’Amerique Central. Allí aparecía en detalle la compleja historia de los diversos estados prehistóricos e indígenas, basada en manuscritos e historias tradicionales. Regresó a Francia, pero fue enviado por el Ministerio de Instrucción Pública a México. Recorrió el sur del país y Guatemala y publicó su Voyage Sur l’isthme de Tehuantepec, dans l’Etat de Chiapas et la Republique de Guatemala. De regreso a Francia fundó, en asociación con León de Rosny y Joseph Marius Alexis Aubin, la Societé Américaine de France.

En 1863 regresó a América Central y exploró Quiriguá y Copán. Entonces, realizó el descubrimiento más importante de su carrera. Durante siglos desapareció de la vista la Relación de las cosas de Yucatán del obispo Diego de Landa, y antes de que se perdiera en el olvido solamente habían podido consultarla unos cuantos españoles. Pero aunque se reconocía su importancia, el verdadero significado del manuscrito no se comprendió hasta que Brasseur de Bourbourg encontró una copia en la Real Academia de la Historia, de Madrid. Tan pronto como pudo la publicó en español y francés, ofreciendo una gran cantidad de nuevas informaciones sobre la vida, creencias y jeroglíficos mayas que se convirtieron en una herramienta fundamental de investigación para las siguientes generaciones de eruditos. En 1864-1866 publicó su Monuments anciens du Mexique, Palenque, Ococingo et autres ruines de l’ancienne civilisation du Mexique. Colection de vues, bas-reliefs, morceaux d’architecture, coupes, vases, terres cuites, cartes et plans dessinées d’apres nature et relevés par M. Waldeck. (Esta obra contiene una serie de dibujos de Waldeck, pero su publicación dejó insatisfecho al dibujante que, desde entonces, se dedicó a preparar en respuesta su Enciclopedia Arqueológica Americana que permaneció inédita.) En 1857 había publicado en Francia su Recherches sur les ruines de Palenque et sur les origines de la civilisation du Mexique. En 1872 publicó en París el Dictionaire, grammaire et chrestomathie de la langue maya precedés d’une étude sur le systéme graphique des indigénes du Yucatan y la Biliothéque Mexico-Guatemalienne, París, 1871. En el manuscrito de fray Diego de Landa que le sirvió de referencia aparece una lista de jeroglíficos que reproduce en su obra. Esto le valió ser acusado de mistificador, pero la reedición del manuscrito como complemento de la obra de Rosny, hecha en Madrid en 1884 por la Rada y Delgado, vino a confirmar la veracidad de la edición del abate.

Brasseur debió mucho de su éxito a las fuertes ligas con la Iglesia católica. Esto le permitió acudir a fuentes y archivos desconocidos hasta entonces y celosamente protegido por guardianes eclesiásticos. Su personalidad atractiva y simpática le permitió establecer contactos académicos y religiosos que otros visitantes no hubieran podido tener. Su estilo literario es claro y fluye con una facilidad que en ocasiones oculta la erudición que conlleva. Su don para describir lo complejo en términos fácilmente comprensibles, combinado con sus extraordinarias habilidades lingüísticas, dio como resultado una historia más penetrante que las investigaciones precursoras de los eruditos españoles o del famoso Prescott. Pero Brasseur era un romántico, un erudito de viva imaginación, fácilmente estimulado por los espectaculares acontecimientos y las sorprendentes y complejas creencias de los indios que describía. Se recuerda a Brasseur más como un recopilador de datos y de fuentes. Sus interpretaciones de la historia de Mesoamérica fueron dudosas y frecuentemente pletóricas de fantasía. La Histoire des nations civilisées está llena de extrañas interpretaciones, siendo la más notable de ellas la idea fundamental de que las civilizaciones de Mesoamérica surgieron del continente perdido de la Atlántida. Intentó relacionar los mitos del origen de los indígenas con esa leyenda. Los orígenes de las lenguas indígenas se encontraban, decía, en las lenguas escandinavas y mediterráneas. Después relaciona las leyendas indígenas con los sucesos históricos del Viejo Mundo en páginas y más páginas de tortuosas explicaciones, razonadas de una manera difusa. Actualmente se recuerda a Brasseur de Bourbourg como descubridor de la obra de Landa y como el hombre que proporcionó una gran parte de los datos que llevaron al desciframiento parcial de los jeroglíficos mayas en el siglo XX. Fue un pionero que trabajaba en un campo nuevo y hasta entonces inexplorado de la investigación, por lo que apenas debe sorprender que haya cometido ocasionales errores en la interpretación.

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