Béisbol

Béisbol  Durante mucho tiempo se creyó que el primer juego de béisbol en México se había efectuado en San Juan, Cadereyta, Nuevo León, en 1889, pero los investigadores aceptan casi unánimemente, que el partido más antiguo tuvo lugar en el puerto de Guaymas, Sonora, el 3 de mayo de 1877, cuando marinos estadounidenses del buque Montana, procedente de Newbern, bajaron para jugar. Hay otras historias que se disputan ese honor y que señalan el primer partido en tierras mexicanas en Mazatlán, Sinaloa, en 1884; en Veracruz, en 1886; en el Distrito Federal, en 1887; en San Juan, Cadereyta, en 1889, etcétera.

En Yucatán. En su libro Historia del béisbol en Yucatán, 1890-1906, Joaquín Lara Caballero señala: «En Yucatán se comenzó a jugar béisbol en el año 1890 y la introducción de este deporte se debió a la inmigración cubana que afluyó a la Península, en gran cantidad, en el último tercio del siglo pasado como consecuencia de las luchas de independencia de la vecina república antillana… A mediados del año de 1890, llegó a playas yucatecas, procedente de La Habana, Cuba, la corbeta de matrícula española ‘Ciudad Condal’ con carga y pasaje, y destino para el puerto de Veracruz; en ella llegó la familia de don Fernando Urzaiz, su esposa doña Gertrudis Rodríguez de Urzaiz y sus pequeños hijos. La familia Urzaiz, que había venido con intenciones de radicarse en Yucatán, estableció su residencia en el cruce de las calles 61 y 68. Los hijos de D. Fernando, Juan Francisco, Fernando y Eduardo, habían traído entre sus juguetes de muchachos un bate y una vieja pelota ‘spaulding’ reforrada por ellos mismos… Los hermanos Urzaiz comenzaron a jugar a la pelota y al cabo de poco tiempo otros jóvenes ya se habían unido a los pelotaris y así comenzó el béisbol callejero en la esquina de la casa de los Urzaiz (calles 61 con 68) en esta ciudad de Mérida».

Lara Caballero también apunta que el primer equipo, el Club Mérida, se formó a fines de ese año de 1890 y que lo integraron: Adolfo Zavala, catcher; Francisco Urzaiz, primera base; Bernardo Ponce Cámara, segunda base; Eudaldo Carbajal, tercera base; Ramiro Tenorio, parador corto; Mortimer Tappan, Mario del Río y Pelegrín Fortuny, jardineros; Álvaro Sánchez Espinosa, pitcher y Nicolás Cámara Palma, emergente.

El periodista e historiador Luis Ramírez Aznar, en su libro La historia del béisbol en Yucatán, tomo I (1989), publica una carta que el Dr. Eduardo Urzaiz Rodríguez envió en 1914 a Juan Usó Muñoz («el Chivo de Halachó») como parte de la encuesta que éste realizaba sobre la introducción del béisbol en Yucatán. En su misiva, el médico y educador señala que entre los años 1892 y 1893 se juntaron dos o tres «cubiches» (él mismo y sus hermanos) que conocían el béisbol antes de venir a Yucatán y uno o dos yucatecos que también lo habían practicado en los colegios de Estados Unidos y, en la confluencia de las calles 61 y 68, comenzaron a jugar béisbol con pelotas de trapo y un palo por bate. Más tarde, cuando ya los jugadores eran suficientes para formar dos equipos, dieron partidos improvisados en la plaza de Santiago.

Finalmente, varios periodistas del puerto de Progreso, entre ellos Romeo Farías Bobadilla, han publicado que el primer partido de fútbol oficial que se jugó en Yucatán fue el 5 de febrero de 1893. Indican que, desde 1892, marinos estadounidenses y gente que laboraba en Progreso habían introducido ese juego y en Mérida formaron dos equipos con los nombres de Sporting y América que jugaban regularmente, pero el primer encuentro oficial, entre Mérida y Progreso, tuvo lugar el 5 de febrero de 1893 entre el Sporting Meridano y el Colón Club de Progreso en el centro del puerto, lugar donde hoy se encuentra el parque Independencia. El resultado fue 43-14 en favor de los visitantes. El pitcher ganador fue Miguel Peón y el derrotado, Carlos Castelló. Uno de los jugadores que alineó por Progreso fue el ingeniero estadounidense John Percy Gleen, que construía en ese entonces el faro del puerto.

En una investigación reciente, el periodista Carlos Castillo Barrio encontró la que parece ser la primera crónica de un juego de béisbol en Yucatán, publicada en el periódico La Revista de Mérida el 6 de noviembre de 1892 y firmada por Fernando Urzaiz Rodríguez, que daba cuenta del partido que el Sporting le ganó al América 29 (o30) a 6, el 18 de octubre de 1892. La reseña, sin embargo, no dice que se hubiese tratado del primer juego de béisbol en Yucatán. Unos 45 días antes, el 3 de septiembre de 1892, se celebró el primer juego organizado, pero aparentemente no fue registrado. El 11 de junio de ese mismo año, en el Eco del Comercio se publicó la fundación del Sporting Club y se asienta que esa organización se dedicaba a promover la práctica de ejercicios gimnásticos y «juegos de pelota como el baseball, football hurling y otros al aire libre».

La afición de los yucatecos por el béisbol creció y el alcalde Andrés Aznar Pérez dio el permiso para jugar en el antiguo Circo Teatro Yucateco, localizado entonces donde actualmente se encuentra el Colegio Americano (calle 72 con 61) y el solar que alcanzaba hasta la calle 59. En los juegos llaneros se jugaba con diez hombres, ya que entre segunda y primera se colocaba el right short. Sólo el catcher usaba guante, todos los demás jugaban a mano limpia. En 1900, el béisbol yucateco tenía ya verdaderos cimientos.

Don Enrique Cámara Zavala y don Pablo Gómez Aznar, un acaudalado comerciante, fueron los formadores del Sporting Club, que se integró con hijos de ricos hacendados. En ese club alineaban Miguel Peón, Alfredo Medina, Crescencio Tenorio, Pedro Regil, Desiderio Ancona, Avelino Montes, Roberto Bolio, Ernesto Fajardo, Frnando Morales, Víctor García, Joaquín Hübbe y Fernando Urzaiz. El pitcher estrella, Miguel Peón, obtuvo varios diplomas y medallas en Estados Unidos y tenía una propuesta, que nunca aceptó, para jugar en las Grandes Ligas. González Aznar fue el mayor impulsor del béisbol, pues ayudaba económicamente a los clubes nacientes y les proporcionaba uniformes y útiles. Su labor deportiva fue elogiada en el periódico Le Bon Marché, de Nueva York, cuando falleció el 17 de noviembre de 1893.

Con el nuevo siglo, el desarrollo del béisbol yucateco se aceleró. La primera selección representativa de Yucatán, para recibir a clubes extranjeros, llamada Club Mérida, la integraron José Dolores Ponce, Nicolás Abelo, José Cárdenas, Guillermo Avereoff, Arturo Millet, Amado Sudaire, Felino Cárdenas, Celestino Rubio, Adolfo Carrillo, Armando Ponce y el lanzador cubano refuerzo, Aurelio «Chivo» Calvo. El gerente del Mérida, Arturo Rendón, invitó al club Águila de Veracruz, campeón de ese estado para una serie de cuatro juegos, uno de los cuales sería en beneficio del club que resultara vencedor en la serie. Los partidos se programaron para el 25 y 29 de diciembre de 1904 y 1 de enero de 1905. El equipo jarocho contaba con figuras cubanas y estadounidenses, incluso a quienes introdujeron el béisbol en esa ciudad. El Águila estaba organizado desde 1903.

El historiador Lara Caballero registra que ese 25 de diciembre alinearon por el Águila: Claudio Ovidio, Guillermo Berea, Vidal Portillo, Juan Fuentes, Antonio Pujadas, Arturo Múgica, Ciro Muñoz, Dionisio Lagos, V. Ramírez, Octavio Arreola y Arturo McBeat. El resultado fue Mérida 7, Águila 2. El ganador fue Aurelio Calvo con 13 ponchados y 6 jits admitidos y el perdedor, Pujadas, con 6 jits y 5 ponchados.

El jueves 29 de diciembre la asistencia fue extraordinaria; había tal entusiasmo, que el comercio cerró sus puertas a la hora del juego. En los establecimientos de Felipe León (La Rosa de Oro) y el Salón Hennesy, se instalaron sistemas telefónicos para informar al público del avance del partido, lo que resultó una novedad ya que las líneas telefónicas existían desde fines del siglo sólo en haciendas o terminales de ferrocarril. El Mérida volvió a ganar 4 por 3. Nicolás Abelo lanzaba por Mérida y, relevado por Calvo en la séptima entrada, cubrió el jardín derecho y Calvo ponchó a siete. Por el Águila perdió Ovidio y relevó Fuentes.

El domingo 1 de enero de 1905, los tranvías prolongaron sus vías hasta las puertas del campo de El Fénix, donde se efectuó el tercer encuentro. El Águila ganó 9 a 7 con pitcheo de Pujadas y tres doblepleis. Abelo cubrió todo el tiempo por Mérida. En la novena entrada, Calvo dio jonrón y al llegar a jom se desmayó, teniendo que atenderlo un médico.

El martes 3 de enero en El Fénix se jugó el cuarto de la serie en el que Mérida se llevaría el 75% de la entrada. Mérida ganó 11 a 3 con pitcheo de Felino Cárdenas y Claudio Ovidio fue el perdedor. Ya todo estaba listo para comenzar la Liga Meridana, pero mientras esperaba su barco de regreso, el Águila jugó un partido más el 5 de enero contra el equipo Fénix, al que venció 7 por 0. Fueron los segundos nueve ceros que se lanzaban en Yucatán, pues los primeros se los impuso precisamente El Fénix al Providencia, a fines de 1904. Y coincidentemente, Felino Cárdenas, que fue el autor del primer cierre, perdió el segundo ese día.

Fuera de Mérida. Pronto las plazoletas de la ciudad se convertían en parques y los grandes terrenos en las quintas servían para construcciones o huertas, por lo que los beisbolistas empezaron a salir de la ciudad de Mérida para jugar en las plazoletas de la Ermita de Santa Isabel, de Itzimná, Caucel y Umán, en donde llegaba el ferrocarril o los tranvías vecinales, para poder retornar a Mérida la misma tarde. Así, en 1904, además de El Fénix y el Pablo González, destacaron equipos como Providencia, Águila (que al principio fue Águila de Oro), Kukers, Siglo XX (formado por estudiantes), Gigantes y Cabezudos (también de estudiantes), New Sort, Walk Over (de empleados bancarios), Iron Baseball Club (de personal del Banco Yucateco), New Century, Almendares, New York, Fibra Yucateca, Guacamayo, Los Aparecidos, Esperanza (que patrocinaba Enrique Alcocer), Alpha (de maestros normalistas), Yucateco, Alsacia, Diamante, Boston, América (capitaneado por Juan de D. Sierra), Blanco y Rojo Sporting, Wer Club (de estudiantes), Picop Nine, Siempreviva, Nuevo Peninsular, Niágara, Rojo, Yucatán, Cruz Roja, España, Habana (capitaneado por Gregorio Carrillo), Striver (capitaneado por Gregorio Concha), La Prensa, Country (capitaneado por Benito Cruz Quijano), La Igualdad, La Industria (capitaneado por José Pérez), La Alegría, Independencia (capitaneado por Gonzalo Ponce Cámara), Reforma, Red Cross, Mauser.

En Progreso, uno de los más grandes impulsores fue don Menalio Marín Cordoví, quien era un eficiente primera base del Club Colón. Para 1904, en Progreso ya existían 16 equipos, en Campeche uno llamado Neutral, en Calkiní había el México y en Dzitbalché y en Hecelchacán también tenían uno. El campo de béisbol del equipo Pablo González, en Itzimná (donde hoy se ubica el Colegio Montejo), se inauguró el 27 de noviembre de 1904 con un juego entre el Pablo González y el Atletic, ganando el primero12-2. La concurrencia fue extraordinaria y la empresa de tranvías no se dio abasto para el traslado del público, a pesar de los 16 carros extras que tenían su paradero frente al Palacio de Gobierno. Ya desde el 14 de septiembre anterior, en una asamblea presidida por el Lic. Serapio Rendón en el Hotel Concordia, se reunieron representantes de nueve equipos y constituyeron la Liga Meridana de Béisbol, cuya directiva la integraron Desiderio Ancona, presidente; Avelino Montes Linaje, vicepresidente; Alonso Aznar Gutiérrrez, José Castelló, Fernando de Regil, Menalio Marín, vocales; Bernardo Ponce Cámara, tesorero y Serapio Rendón, secretario. En enero de 1905 ya circulaba popularmente el Reglamento de Béisbol de la Liga Meridana. La primera gran recaudación fue de un juego que celebró el Águila de Veracruz el 8 de enero de 1905 contra el Colón de Progreso, ya apuntalado por refuerzos estadounidenses que contrató Menalio Marín Cordoví. El partido se efectuó en el campo Pablo González de Itzimná y el Colón venció 5 por 0 con pitcheo del estadounidense Charles Fritz y una recaudación récord que, según el empresario Fernando Ponce Cámara, llegó a 18 000 pesos, a pesar de que las entradas costaban 6, 5 y 2 pesos.

El béisbol era ya una atracción semanal. Se anunció el primer campeonato de la Liga Meridana con 30 juegos y cuatro equipos: Pablo González, Fénix, Águila y Colón de Progreso. Los estímulos fueron de mil pesos para el club vencedor, 200 para el segundo, un lujoso estandarte donado por El Fénix, zapatos para béisbol y un trofeo de la Liga Meridana. Aunque el reglamento especificaba que sólo podían jugar peloteros locales, se contrataron jugadores profesionales de Cuba y de Estados Unidos, lo que desató la anarquía y la indisciplina. Los directivos de la Liga presentaron su renuncia y se produjo el primer sisma en la historia del béisbol yucateco. Después de sólo dos juegos, el campeonato se suspendió. La Liga Yucateca de Béisbol organizó otro campeonato, entre el Fénix y el Colón, de 21 juegos. El 22 de enero de 1905 se celebró el primer partido con luminarias cubanas como Luis Padrón, lanzador y toletero; Moisés Quintero, receptor del Habana; el torpedero Rogelio Valdés, Bernardino Padrón, Carlos Morán y otros. Cuando los ganadores del Colón regresaron a Progreso, fueron objeto de popular recepción.

La Pasión. En esa primera década del siglo se elevó la pasión por el béisbol. El presidente de la Liga Meridana, Desiderio Ancona, tuvo que retirarse de esa actividad por un ataque al corazón producido por una acalorada polémica en su hogar en torno de qué jugadores eran los mejores. La situación se volvió crítica y en cafés y cantinas frecuentados por aficionados, se pusieron letreros que rezaban: «Se prohibe hablar de asuntos beisboleros». Nadie se atrevió a denunciar que en la madrugada del 28 de enero de 1906, apasionados fanáticos enemigos del equipo Fénix prendieron fuego a las instalaciones del campo Itzimná.

En 1926, siendo gobernador Álvaro Torre Díaz, el coronel Pablo Garza Leal fue nombrado inspector general de policía y formó un club de béisbol llamado Tecolotes que fue varias veces campeón del estado. Lo integraban Gonzalo «Dzol» Peraza, Eliceo Gómez (Pan de Umán), Florito Durán, Silvestre Polanco, Francisco «But» Moguel, Edmundo Torres. En 1929 se formó la Selección Garza Leal para jugar series con los clubes Luisiana, Habana Reds, Alijadores de Tampico, Bacardí de Cuba, Policía de México. Los refuerzos de esta selección fueron Fotingo Jaquinet y Armando «Loch» Ponce.

El equipo más sensacional que nos visitó en la segunda década del siglo, fue el Cuban Stars, en 1919, dirigido por «Tinti» Molina; el empresario o concertador de sus giras era Abel Linares. En Mérida, el Cuban Stars se enfrentó al Yucatán, formado por una selección de peloteros locales y cubanos, principalmente del Atlético Piratas, integrada por Carlos Zarza, Inocente Mendieta, Óscar Rodríguez, José Cheo Hernández, Manuel Fernández Villarín, Mario Borrato, Faustino Fotingo Valdés, Zuncho Mendoza, Mike Cardeña, Catalán Zaldívar y Julio Molina Torraz. En la histórica serie se dividieron los honores (cuatro ganados, cuatro perdidos y uno empatado).

Principales jugadores. El mejor jugador yucateco de la primera etapa de béisbol en el estado fue el pitcher Julio Molina Torraz, quien fue electo para el Salón de la Fama del Béisbol Mexicano por voto popular, en 1939. Al inaugurarse el recinto, el 10 de marzo de 1973 en Monterrey, el pelotero yucateco fue de los cinco primeros en ingresar, junto con Lucas Juárez, Antonio Delfín «Lañoza», Leonardo «Najo» Alanís y Fernando «Cocuite» Barradas. No fue sino hasta 1992 que ingresó el segundo yucateco, el cronista de la radio Jorge Alberto Blanco Martínez «George White» y, posteriormente, en 1995, el jardinero e inicialista William Berzunza León.

Julio Molina fue bautizado por Juan Usó Miñoz «el Chivo de Halachó», como «el Diamante Blanco», cuando en Cuba se pregonaban las proezas del «Diamante Negro», José de la Caridad Méndez. Se decía que de cada 20 juegos que lanzaba Molina, sólo perdía uno.

El 25 de septiembre de 1910, en el Athletic Field de San Cosme (donde hoy se ubica el Parque de las Américas), en juego del torneo entre Gigantes, del «Catalán» Zaldívar y Tigres, se jugaron 16 entradas y, por falta de luz, se suspendió el partido a las seis de la tarde cuando la pizarra marcaba cero por ambos lados. Julio Molina, que ya había pinchado a 12, lanzó todo el trayecto y sólo permitió dos jits y su oponente, el cubano Camilo Pujadas, realizó igual labor. Todos los beisbolistas y aficionados de esa época que vieron a Julio Molina, aseguraban que no había nacido otro como él. Cuando Molina acababa de regresar de los Estados Unidos, donde estudió en el St. Marys College, en Maryland, se presentó en el campo de San Cosme y le pidió al mánager de los Gigantes, «Catalán» Zaldívar, que le hiciera una prueba de pitcheo. Aquello fue suficiente, pues ponchó a todos los peloteros del equipo y el 16 de septiembre de 1910 debutó profesionalmente venciendo al Águila, 8 por tres, con 14 ponchados. El 23 de abril de 1917, Molina triunfó 1 por 0 sobre el Atlético Piratas desde el montículo del Mérida Stars; la única carrera fue producida por un doble de Pedro Cortés y triple de «Catalán» Zaldívar. Una mañana de 1919, en el parque Franco-Inglés de la capital, Julio Molina tiró cinco innings con el brazo derecho sin permitir carrera y completó la blanqueada en los cuatro restantes, lanzando con el brazo izquierdo. Cuando Ernesto Carmona contrató a Julio para enfrentarse a un equipo cubano que hacía estragos en México, éste le dijo: «Acepto. Mi precio es tanto por lanzar, tanto por ganar y tanto por blanquear». Y Ernesto aclaró: «¿Y si te contrato por blanquear y no lo consigues?» «Entonces no me pagas nada», concluyó Molina. El yucateco jugó, ganó y blanqueó. Falleció el 27 de febrero de 1952 en un campo maderero cerca de Tizimín.

Otras figuras destacadas fueron Miguel «Mike» Cardeña Blanco, pelotero de grandes facultades como parador corto y luego maestro y mánager, además de anotador. El 8 de noviembre de 1970, el alcalde de Mérida, Víctor Correa Rachó, bautizó con su nombre el campo deportivo que inauguró en la Colonia Bojórquez. Eliseo «Cabezotas» Carvajal fue una estrella en la receptoría de 1914 a 1935 y luego hizo carrera de ampáyer. Alfonso «Catalán» Zaldívar Paoli fue un gran tercera base y estratega y por los años 40 fungió como secretario general de la Asociación de Umpires del D.F.; se le recuerda con su hermano Armando «Mandinga» y sus hijos Alfonso «Pocho» y Alfredo «Sisler». Ricardo Fernández Concepción, conocido como Rich Fernández, brilló como corredor en atletismo y como segunda base en el béisbol, incluso llegó al profesionalismo en la Liga Peninsular y luego, en 1942, en la Liga Mexicana, con el Puebla; fue el segundo yucateco, después de Fermín «Burbuja» Vázquez (1939, con Azules de Veracruz) en llegar al máximo circuito de beisboleros del país. En 1939, en un juego contra Campeche en el Estadio Salvador Alvarado, el 1 de abril, Rich se «voló la barda» cuatro veces para vestirse de héroe. Silvestre Polanco «Polanquito», fuerte bateador y notable fildeador, fue dado a conocer por Diego Alonzo, pionero del béisbol yucateco (infielder y mánager). Francisco «But» Moguel Lugo, un buen y robusto receptor que fue víctima de un atentado que le quitó la vida el 12 de agosto de 1943 a los 35 años de edad. El «Gallo» Alfonso Ruiz, bateador que realizó sus mejores hazañas fuera del estado. José «Fotingo» Jaquinet, célebre cubano que llegó a Yucatán a los 10 años de edad, fue un respetable jugador, gran bateador y pelotero de alma grande. José «Chato» Juanes Domínguez, primer catcher técnico que usó señas en Yucatán para pedirle curvas al lanzador.

Entre 1943 y 1944, Gonzalo Boldo Pinzón inyectó un segundo aire al béisbol que languidecía. Arregló el parque Itzimná e invitó a accionistas para formar la Sociedad Deportiva Peninsular, que puso en marcha el primer campeonato de primera fuerza en 1946. Hombres como Ramiro Casellas, Fernando Escamilla Rejón, Manuel Loría Rivero, Ramiro Cardós Ruz, tuvieron inusitado éxito y después de jugar en 1946, pasaron a la primera temporada oficial de la Liga Peninsular (1947-1948) en el Estadio Salvador Alvarado. Habían quedado atrás el primer equipo de Gonzalo Boldo, el Dunlop (1927) y el Boldo Hermanos (1934).

El legendario umpire Pedro «Perico» Gutiérrez, el «Gato» Ramiro Quijano, jardinero central del Antorcha, Porfirio Trejo «Chicalín» y Ramiro Alcalá «Chantúa», luminarias de los años veinte y treinta, coincidían en que los jardineros del Mérida, Toño Menéndez, Chano Tello y el «Gato» Vitico Palma, eran lo mejor que había dado Yucatán en el campo largo.

Profesionalismo. El béisbol incursionó en el profesionalismo en dos etapas. La primera con la Liga Peninsular de invierno y la Liga del Sureste, y la que vive hasta ahora con la Liga Mexicana.

La primera etapa comienza en 1946, con el primer campeonato de la Liga Peninsular que fue el único que no se jugó en invierno. Lo ganó el equipo Motul superando a Campeche por un juego. El mánager campeón fue Roberto «Cepillo» Ortega y el campeón bateador, con .377 de promedio, el motuleño Hervé Montañez Jure.

En los ocho siguientes campeonatos jugados en invierno, los campeones fueron respectivamente, Campeche, Pericos del Mérida, Cardenales de Motul, Piratas de Campeche, otra vez Campeche y tres veces consecutivas el Mérida, bajo las direcciones de Sergio «Lolo» Correa, Mario «Cura» Collazo, Zenón Ochoa, Manolo Fortes, otra vez «Lolo» Correa y tres veces Ramón «Lotario» Rodríguez, respectivamente. Los campeones de pitcheo, en aquel primer campeonato que no fue invernal, resultaron Julio «Jiquí» Espadas, Julio Alfonso, Antonio Ruiz, Sandalio Consuegra, Adriano «Chino» Wong (dos veces seguidas), Jesús «Zurdo» Ventura, René Gutiérrez y Manolo Fortes. En 1954 el campeonato no se completó por incosteable y Progreso fue declarado campeón al quedar dos juegos arriba del Estrellas Yucatecas cuando se jugó el último partido el 14 de diciembre.

La segunda etapa está formada principalmente por la historia de los Leones de Yucatán y, de 1964 a 1969, participaron los Venados de la Liga del Sureste, que ocuparon el 2º lugar en 1967, cuyo mánager fue Leonel Aldama durante dos años y medio y el tercero lo compartió con Beto Palafox y E. García; a éstos les sucedieron Benjamín «Papelero» Valenzuela (dos años) y finalmente René Friol.

Leones de Yucatán. Yucatán ha ingresado tres veces a la Liga Mexicana. Los Leones han jugado 30 temporadas en el circuito: cinco en su primera época (de 1954 a 1958) cinco en la segunda (1970 a 1974) y veinte en la tercera (1979 a 1998).

Yucatán llegó a la Liga Mexicana en 1954 cuando ésta luchaba por sobrevivir. Su inclusión resultó positiva y dio un equipo popular al circuito. Álvaro Ponce Vidiella fue el propietario de la ficha y los mejores yucatecos egresados de la Liga Peninsular vistieron la franela que dirigieron Óscar Garmendía y Mario Collazo, Pedro Comas, Zacarías Auais, Chucho Rejón, Elías y Herbé Montañez, José «Indio» Peraza y otros. Óscar «Barriguilla» Rodríguez los llevó al campeonato destacando Pepe Bache y «Cañitas» Moreno, Mara Sañudo y Cuquito Vázquez; el panameño León Kellman, el venezolano Julián Landera, el dominicano Olmedo Suárez y los cubanos Orlando Leroux y Julio Toledo.

En 1958, el último año de la primera etapa, ocuparon el tercer lugar dirigidos por «Barriguilla» y el «Huevito» Álvarez.

No fue sino hasta 1970 que regresaron a la Liga Mexicana, cuando los Pericos de Puebla, de Manuel Barbachano Ponce, se convirtieron en Leones. Barbachano se unió a José Osorno Sauri, dueño de la ficha de Yucatán en la Liga del Sureste. El mánager Tony Castaño no aguantó toda la campaña y lo sustituyó Luis Esma; terminaron en tercer lugar. Posteriormente, llegaron peloteros como el venezolano Teolindo Acosta llamado «el inventor del jit«, el cubano Roberto «Musulungo» Herrera y Ronnie Camacho.

En 1971 dirigió Leonel Aldama y, los dos años siguientes, Enrique Izquierdo, que condujo a la escuadra a un cuarto y tercer lugares. En 1974 el equipo pasó a propiedad de la Cervecería Yucateca y su presidente fue el Ing. Arturo Ponce Alcalá, quien tuvo como mánagers al dominicano Julián Javier y al «Toche» Peláez; terminaron en cuarto lugar y salieron de Yucatán finalizando la segunda etapa.

La tercera etapa comenzó en 1979 con Plinio Escalante Bolio de propietario hasta 1982; siguió Romeo Magaña Carrillo, de 1983 a 1986; la Cervecería Yucateca con Arturo Millet Molina, de 1987 a 1992, y con el Ing. Jesús Medrano Arrieta en 1993; desde 1994 a la fecha, con Gustavo Ricalde Durán. Durante esta etapa, lo más sobresaliente fue el segundo campeonato, en 1984, con Carlos Paz González como mánager. También dirigieron al club en esta etapa, Jaime Fabela, Wilfrido Calviño, Luis «Chito» García, Francisco «Paco» Chávez, Leonel Aldama, Roberto Castellón Yuén, Fernando Villaescusa Elías, Roberto Pérez Aguilar, Javier Martínez Márquez, Enrique Aguilar, Gerardo Gutiérrez Ruiz y Jack Pierce. En 1989 el equipo llegó a la serie final contra Laredo y, en total, durante esta etapa, ha pasado a los pléiofs o al raund robin (1983) diez veces en 20 años.

Los yucatecos más distinguidos en estos años fueron William Berzunza León quien llegó al Salón de la Fama, y el torpedero de Oxkutzcab Juan José Pacho Burgos.

Liga Mexicana. En total, 57 jugadores nacidos en Yucatán han jugado en la Liga Mexicana hasta la temporada de 1998, la gran mayoría de los Leones de Yucatán, desde que Fermín «Burbuja» Vázquez debutó con los Azules de Veracruz en 1939.

Los Leones de Yucatán, desde 1979, cuando llevaron al parque Carta Clara un total de 453,206 aficionados, comenzaron a liderear en asistencia a la Liga Mexicana y, en 1982, con la inauguración del parque Kukulcán, lograron la asistencia de 560,000 aficionados, que impusieron la marca en el circuito, superando los 536,743 de los Diablos de México, en 1967.

Amateur. El béisbol amateur se ha multiplicado en Yucatán. Desde las ligas infantiles y juveniles, como la Liga Yucatán, con instalaciones de 14 campos y cerca de 100 equipos; la Liga Fernando Valenzuela y otras, hasta la de Dolores Otero, la Costa y la de las dos compañías cerveceras que aglutinan equipos del interior del estado, así como la del Volante, con instalaciones propias donde figuran algunos jugadores de la Liga Mexicana y otros ya retirados de ese circuito.

El jugador yucateco de mayor trayectoria en el béisbol organizado ha sido Juan José Pacho Burgos, que llegó a triple A con la organización de los Bravos de Atlanta. Los convenios de trabajo que el Club Leones ha sostenido con organizaciones de las Ligas Mayores, como los Rojos de Cincinnati, los Reales de Kansas City, los Yanquis de Nueva York y los Padres de San Diego, han abierto las posibilidades para que elementos de los Leones escalen a esas alturas.