Literatura

Literatura  La literatura es el arte de registrar ideas humanas con signos visibles, afirma Edward Davis Terry. Sin embargo, también existe la literatura oral, cuyo archivo es la memoria del individuo o la comunidad, misma que se transmite de generación en generación. Se sustenta en el empleo estético del lenguaje hablado y se adscriben a ella las composiciones literarias primigenias como pueden ser los textos sagrados o los cantos épicos.

Literatura maya. Una buena parte de los temas escritos por los mayas, fueron inicialmente transmitidos a través de la tradición oral o registrados jeroglíficamente. Este sistema de escritura que los mayas desarrollaron con un sello propio, les permitió tener una literatura que perdura aún en la actualidad. Según Alfredo Barrera Vásquez, la literatura escrita por los mayas se divide en dos períodos que determinaron dos épocas definitivas de su vida: la primera, llamada precortesiana, es decir la que se desarrolló antes de la llegada de los españoles y la poscortesiana, que comienza a partir de la Conquista y colonización. La primera queda subdivida, según el material y la técnica seguida en su elaboración, en: esculpida y pintada. La literatura esculpida se encuentra en la piedra de los monumentos, en la madera de sus vigas, en objetos menores de hueso o concha y en los vasos y estatuillas. La pintada especialmente en vasos y Códices.

La literatura postcortesiana se encuentra únicamente en libros de papel europeo que fueron escritos en lengua maya, pero con caracteres del alfabeto español, adaptado por los frailes para representar sonidos extraños al castellano existentes en dicha lengua. De los libros precortesianos solamente se conocen tres. El Códice Trocortesiano, que se encuentra en Madrid; el Dresdensis, en Dresden, Alemania, y el Peresianus, en París. En estos libros los mayas llevaban la cuenta de su calendario y horóscopos; conservaban datos de su historia; asentaban las reglas de sus ciencias y de los ritos religiosos. Después de la Conquista, los frailes jugaron un papel muy importante en el desarrollo de la literatura maya, ya que enseñaron a los indígenas, en especial a los señores principales, a escribir utilizando los símbolos latinos. Esta enseñanza fue muy bien aprovechada por los naturales, que encontraron una herramienta para continuar ejerciendo el hábito de perpetuar gráficamente sus antiguos conocimientos, agregando después, los nuevos que iban adquiriendo. De esta forma nació lo que es la llamada literatura poscortesiana. Ésta puede quedar dividida en crónicas, documentos legales y epístolas. Se ha sugerido que Los Libros del Chilam Balam continúan la tradición de los códices prehispánicos. Los Libros de los Cantares de Dzitbalché registran poesías que también se transmitían oralmente. Las crónicas se refieren a la Conquista, y se cuenta solamente con las Crónicas de la Familia de los Pech y la Crónica de Calkiní. Los documentos legales son muy variados y abarcan un largo período. Son muy valiosos para el estudio de la lengua.

Por su parte Los Libros del Chilam Balam son conjuntos de varios tratados que comprenden temas religiosos puramente indígenas y otros cristianos o mezclados; cronología, historia, astrología europea, almanaques cristianos, tratados de medicina y también traducciones de textos literarios españoles. Se distinguen entre sí, por llevar además el nombre de la localidad a la cual pertenecieron o donde fueron descubiertos. Los más importantes son: el de Chumayel, el de Tizimín, el de Kaua, los de Maní y Oxkutzcab y el de Ixil. Se supone que fueron llamados así, en memoria de un famoso profeta que predijo la llegada de una nueva raza y de una nueva religión. (Véase: Chilam Balam (Libros del)). El Libro de los Cantares de Dzitbalché fue descubierto por Alfredo Barrera Vásquez y consiste en una relación de 15 cantos que servían para acompañar algunas de las antiguas danzas de los mayas (Véase: Cantares de Diztbalché). Por otro lado, también cabe mencionar otras obras realizadas por los mayas de la región de Guatemala como son El Popol Vuh, el Rabinal Achí y los Anales de los Cakchiqueles o Memorial de Tecpan-Atitlán. Las dos primeras fueron escritas en lengua quiché y la última en cakchiquel. Barrera Vásquez sostiene que el pueblo maya fue por esencia un pueblo literario, ya que su idioma es sonoro y rico y la imaginación del indígena ha creado y crea metáforas perfectas. Un claro ejemplo son los Libros del Chilam Balam abundantes en construcciones literarias y piezas poéticas y los otros ya mencionados, que son considerados obras maestras de la literatura indígena.

Por otra parte, los mayas también eran afectos a representar fábulas e historias antiguas a través del teatro, lo hacían con tal maestría e ingenio que incluso podían dejar en evidencia y ridículo a sus dominadores. Sánchez de Aguilar en su Informe contra Idolorum Cultores escribe «…Son graciosísimos en sus chistes y motes que dicen con sus mayores jueces, si son rigurosos; si son blandos; si son ambiciosos, y esto con mucha agudeza; y para entenderlos, y saber a quien motejan conviene saber su lengua muy bien, y los frasis o modos de hablar que tienen en sus triscas y conversaciones, que son agudos y de reír». Desafortunadamente, el teatro indígena de Yucatán fue abolido por las autoridades políticas y eclesiásticas que consideraban las farsas como «obscenas e idolátricas» y porque en dichas representaciones se «cantaban antiguallas que no se dejaban entender». La enseñanza de la escritura con caracteres latinos a los mayas fue utilizada por éstos para registrar sus nuevos conocimientos, incluso religiosos cristianos y los de la nueva cronología que cotejaron con la suya, aunque en aquellos tiempos habían perdido la noción de su cuenta larga. Gracias a este aprendizaje, escribieron tratados de medicina y ensalmos; pudieron asentar noticias locales; hacer traducciones de textos literarios y almanaques hispanos; producir obras de teatro y de poesía pura y redactar documentos oficiales y epistolarios.

Más adelante, en el siglo XIX, durante la llamada Guerra de Castas, la lengua maya tuvo un renacimiento literario tanto escrito como oral, que puede apreciarse en los tratados, proclamas, correspondencia y discursos tanto de los jefes indígenas como de los “blancos”, cuando a ellos se dirigían. Después de este movimiento vino un decaimiento de la literatura maya, escrita por los propios nativos. Perdieron la capacidad de escribir en su propia lengua y sólo las tribus escondidas en el territorio de Quintana Roo, escribe Barrera Vásquez en 1949, conservaron sus xcribas o escribas. Así, la literatura maya fue, a lo largo del tiempo, adaptándose a las nuevas condiciones que se le presentaban, embebiéndose de una nueva cultura que se impuso con la Conquista, hasta nuestros días, en las que el contenido y la propia lengua adquiere vocabulario y formas nuevas de expresión. En la actualidad, se trata de fomentar a través de talleres y asociaciones de escritores indígenas, la literatura en la lengua nativa.

Literatura colonial. Durante la Colonia, los criollos y españoles desarrollaron un tipo de literatura diferente. Principalmente se escribieron una serie de trabajos de tipo religioso, diccionarios, vocabularios mayas y libros histórico-religiosos que no pueden catalogarse dentro de lo que es llamado las bellas letras. La labor meritoria de muchos frailes radica en que con sus crónicas y otros estudios legaron a la posteridad innumerables conocimientos acerca del pasado. Otros géneros literarios como la novela, la poesía y el canto, parece ser que no fueron desarrollados.

Los frailes, cuya misión era evangelizar a los mayas, procuraron registrar la lengua y hacer textos para su aprendizaje y para la catequización; la cultura indígena les interesó como un medio de conocimiento necesario para poder acercarse mejor a los naturales y así poder evangelizarlos. Escribieron gran número de artes o sea tratados de gramática, según ellos la entendían, y calepinos o vocabularios de gran valor etnográfico y lingüístico. Los escritos de carácter teológico con fines específicos de catequización fueron especialmente las doctrinas, explicaciones, viacrucis, pláticas, confesionarios, sermones, entre otros. Esta fue la contribución directa de los frailes a la literatura en Yucatán, pero la indirecta es la más importante, pues consistió en haber dado a los mayas el instrumento necesario para conservar muchas de sus obras, y el haber recogido mucho del producto literario de éstos. Los indígenas eran enseñados por los frailes a leer y escribir y es probable que sirviesen de amanuenses en la elaboración de los tratados gramaticales y vocabularios de los religiosos. Durante esta época no era raro observar que existieran más indios alfabetizados que españoles, los cuales en muchas ocasiones eran enseñados a leer y escribir por los propios indígenas, tal fue el caso de Pedro Sánchez de Aguilar, autor de Informe contra Idolorum Cultores, que tuvo como maestro de primeras letras a Gaspar Antonio Chi. Así, no se registran durante la Colonia, poetas o escritores que hayan legado obras importantes dentro de la historia de la literatura en Yucatán. El principal motivo de este hecho se debió a que la legislación española prohibía la difusión de obras literarias en sus territorios conquistados, frenando el cultivo de este arte, en las colonias americanas. Los motivos eran principalmente impedir que en sus colonias pudieran distribuirse obras que propiciaran ideas o pensamientos contrarios a los sustentados por la monarquía, además de evitar que trascendiesen noticias sobre la riqueza de dichos lugares a otros países, que propiciara la tentación de otras naciones poderosas. Era preferible mantener en la ignorancia a los núcleos españoles del nuevo continente, así como también a los indígenas, para controlar mejor a las colonias, que propiciar el desenvolvimiento de corrientes de pensamiento que pudieran ser focos de rebeldía. Los únicos libros que podían producirse durante la Colonia eran los relacionados con temas religiosos, con la historia de la Conquista y de las órdenes religiosas, de manera que remarcaran las virtudes hispanas. Al estar tasado y medido el escribir sobre cosas de Indias se impidió el desarrollo de una literatura surgida en América.

Felipe II en Hannover, el 8 de mayo de 1584 dictó una ley en la que estableció: «mandamos a nuestros virreyes, Audiencias y gobernadores de las Indias que provean, que cuando se hiciere algún arte o vocabulario de la lengua de los indios, no se publique ni se imprima, ni use de él, si no estuviere primero examinado por el ordinario, y visto por la Real Audiencia del distrito.» Antes de la introducción de la imprenta en Yucatán, escritores como Lizana, Sánchez de Aguilar, Cárdenas Valencia, López de Cogolludo y Gaspar Antonio Chi tenían que enviar sus manuscritos a España con el objeto de ser sujetos a la severa censura real y eclesiástica, y de ser aprobados, había que encontrar un padrino para que ayudara a imprimir la obra a no ser que la misma Iglesia la editara.

La literatura durante el siglo XIX. Con la llegada de la primera imprenta a Yucatán (Véase: Imprenta) se abrieron nuevos horizontes para la literatura, ya que a través de ella pudieron editarse una serie de escritos que de 1813 a 1821 fueron de combate en el plano de las ideas. Surge el libelo y toda una literatura de ataque. Los géneros que se manejan son la oratoria patriótica y la crítica satírica y filosófica. Posteriormente, se da paso al surgimiento de la lírica y otras expresiones literarias.

Entre los personajes que destacan en el campo de la literatura del siglo XIX en Yucatán sobresalen: Andrés Quintana Roo, que es de algún modo el primer poeta de Yucatán; empero, su obra fue de carácter nacional más que regional. Los trabajos de prosa y poesía de Quintana Roo fueron publicados en periódicos y no han sido recopilados. Pocos de sus poemas son conocidos en la actualidad; Justo Sierra O’Reilly, considerado como el padre de la novela en Yucatán, comenzó su actividad literaria en 1841 con una narración breve en la que relata incidentes históricos tanto como leyendas. Editó en Campeche El Museo Yucateco, considerado como el primer periódico literario publicado en Yucatán, que circuló de enero de 1841 a mayo de 1842. En éste, Sierra O’Reilly publicó sus novelas cortas, que él llamó historias o leyendas como Doña Felipa de Zanabria, Los bandos de Valladolid y El filibustero. Además, escribió las novelas Un año en el Hospital de San Lázaro, 1845, y La hija del judío, 1848-1851. Ermilo Abreu Gómez estima que los trabajos de Justo Sierra O’Reilly son importantes en una perspectiva nacional, ya que puede ser considerado el precursor de la novela romántico-histórica mexicana.

Gerónimo del Castillo Lenard que escribió la novela Un pacto y un pleito, 1849, es considerado el creador de la novela de costumbres en Yucatán. Severo del Castillo, que nacido en la Ciudad de México escribió, en 1869, la novela regional Cecilio Chi, que describe los hábitos locales y aspectos militares de esta sublevación. Eligio Ancona, que escribió entre otras obras La mestiza, 1861; La cruz y la espada y El filibustero, 1864; Los mártires del Anáhuac, 1870; El conde de Peñalva, 1879, y Memorias de un alférez, 1904, considerada su mejor novela. Ancona intentó en sus novelas narrar los más sobresalientes hechos y hazañas ocurridos en los primeros tres siglos después de la llegada de los españoles. José Peón Contreras, poeta y dramaturgo, que escribió entre otras cosas Romances históricos mexicanos, 1871; las novelas Taide, 1885, y la Veleidosa, 1891. Produjo 24 obras teatrales; su mejor drama fue La hija del rey, 1876. Justo Sierra Méndez, considerado uno de los grandes escritores representativos de la literatura mexicana de su tiempo, escribió prolijamente artículos, cuentos, novelas y poemas que fueron publicados en periódicos. Destacó más como escritor en prosa que en poesía.

Siglo XX. En este siglo se deja ver la influencia de la cultura maya en la literatura, misma que adquiere un carácter más regional y propio. Destacan autores como Luis Rosado Vega que publicó: Alma y sangre, 1906, Libro de ensueño y dolor, 1907, Sensaciones, 1912, El alma misteriosa del Mayab, 1934, y Amerindmaya. Es autor de la novela Martín: vida de un chiclero, 1938. Escribió su prosa con propósito social y desarrolló un notable interés por las tradiciones de los mayas. Antonio Mediz Bolio que se dio a conocer inicialmente con sus leyendas yucatecas, la mayoría de las cuales de origen maya; Evocaciones, 1903, el ejemplar más notable. Entre sus obras más representativas están: Enmedio del camino, 1917; La tierra del faisán y del venado, 1922; Canto del hijo de Yucatán, 1953, y A la sombra de mi ceiba, 1956. Mediz Bolio alcanzó la fama como poeta, escritor de leyendas y dramaturgo. Ermilo Abreu Gómez, considerado uno de los grandes escritores de México, cultivó la poesía, la crítica, el cuento, el drama, la leyenda, la crónica y la novela. Adquirió la fama de escritor indigenista con sus obras Canek, 1940; Héroes mayas, 1942, y otras obras del mismo tema. Escribió las novelas Naufragio de indios, 1951; Tata Lobo, 1952, y el libro Leyendas y consejas del antiguo Yucatán, 1961, entre otras. Alfredo Barrera Vásquez, que fue autor de numerosos artículos y libros sobre antropología, historia y lingüística, tradujo al español El libro de los cantares de Dzitbalché, entre otros documentos mayas. Escribió poesía, género en él que destaca con su obra Cruz: poema en cinco puntos cardinales, 1937.

Clemente López Trujillo, escritor consagrado a nivel nacional, autor de Feria de frutas, 1932; El venado, 1941, y Poesía, 1979. Humberto Lara y Lara, escribió prosa y poesía. Es autor de La Ermita de Santa Isabel; Monografía de Sisal; de los cuentos inéditos En la montaña chiclera, y Don Toribio de la Tetera. Escribió dos libros de versos: Poema de amor perdido y Canto a mi raza y su apóstol. Publicó numerosos poemas en periódicos y revistas. En el siglo XIX y en el actual surgieron numerosos escritores y poetas destacados que sería muy largo y extenso relacionar. Sin embargo, existen obras que han abordado el tema de la historia de la literatura en Yucatán, donde se hace un recuento de todos los artistas que han cultivado el campo de la bellas letras, como la escrita por José Esquivel Pren, Historia de la literatura en Yucatán, que consta de 18 tomos y un apéndice, y el trabajo más reciente de Rubén Reyes titulado La voz ante el espejo, que consta de dos tomos.